La aparición de una enfermedad de Alzheimer en el cónyuge es un verdadero terremoto en la vida de su cuidador, que afecta tanto a su vida diaria como a su futuro.
La relación de pareja se transforma en una relación de cuidados. Es una nueva vida.
Se sabe que el 70 % de los cuidadores cónyuge dedican alrededor de 6 horas diarias a su familiar. La enfermedad crea un nuevo “universo” que constituye para la pareja su único contexto de vida. Es una crisis existencial a la cual el cuidador tiene que adaptarse.
Además, la existencia de la enfermedad necesita de una reorganización del día a día con el objetivo de mantener a su familiar en casa y retrasar su ingreso en una residencia.
A pesar de las situaciones estresantes, del cansancio y de la carga familiar (que aumenta a medida que decrece la autonomía del familiar), las encuestas demuestran que la mayoría de los cuidadores-cónyuge se adaptan de forma positiva a estas situaciones y son pro-activos, en vez de caer en la depresión y la indiferencia.
Pero a menudo, esta adaptación va unida a un detrimento de la salud del cuidador. El 40 % de los cuidadores modifican las fechas de sus consultas con el médico o simplemente no acuden por el hecho de cuidar a su familiar. Los cuidados no urgentes son difíciles de realizar debido a la falta de tiempo libre.
Un hecho es fundamental: la buena salud del cuidador. Recordamos que la edad media de los cuidadores-cónyuge es de 79 años. Son personas mayores que sufren la patología habitual del envejecimiento. Si enferman es toda la red de apoyo la que se tambalea, sobre todo si es necesario un ingreso hospitalario para una intervención urgente.

Jacques Selmès
Secretario II Fundación Alzheimer España
jacques.selmes@yahoo.es

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