Queda lejos el tiempo de Zapatero. Cuando la palabra “crisis” no tenía razón de existir en el vocabulario gubernamental.

Con una crisis intensa y una recesión todavía en marcha, hace poco, España, por desgracia, se ha convertido en un buen laboratorio para estudiar los efectos de dicha crisis sobre la salud de las personas que la afrontan.

mujer-crisis¿Hay relaciones entre las cargas laborables y familiares, y la salud, incluso mental?

¿Hay repercusiones de la crisis sobre el estado de salud percibido por cada uno de nosotros, y el bienestar psicológico?

¿Sufre más la mujer que el hombre?

¿Hay una relación entre el sufrimiento y la política sociofamiliar de los distintos países europeos?

La respuesta a las 4 preguntas “sí”.

Se realizó hace poco una investigación en los 27 países de la Unión Europea, y los resultados fueron comentados por Lucía Artazcoz, de la Agencia de Salud Pública de Barcelona.

Se dividió la Unión Europea en 5 tipologías según los modelos de política familiar. Los países del sur de Europa, incluyendo a España, los países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Suecia), los países del Este “ex soviéticos”, los países anglosajones (UK e Irlanda) y los países continentales (Austria, Bélgica, Alemania, Francia…).

No aparece ninguna relación entre cargas laborales y familiares en los países donde existen los mejores servicios para “externalizar” (una palabra políticamente correcta para definir el ingreso en una institución) a las personas dependientes. No es de extrañar que encontremos entre estos países a los de Europa del Norte. Más extraordinario es encontrar también los ex países del bloque del este…aunque tuvieran una larga tradición de asistencia a la política familiar.

En los países anglosajones, los que sufren en su salud la consecuencia de la crisis son los hombres porque el modelo de “breadwinner” (“el que gana el pan”) es el más habitual.

En los países del sur de Europa, incluyendo a España y en los países continentales, las cargas laborales y familiares están asociadas con mala salud en ambos sexos…pero de forma más notable en las mujeres. ¿Por qué?
Se baraja la posibilidad de que las amas de casa tengan que entrar en el mercado laboral, sin cualificación…es decir, aceptando puestos de trabajos duros y mal remunerados.

También, al llegar a casa, tienen que asumir en la mayoría de los casos la responsabilidad de las tareas domesticas, la educación de los niños y el mantenimiento económico del hogar.

Además el estudio demuestra que el estado de la salud es aún peor en las personas que conviven con mayores de 65 años…lo que es la situación de la mayoría de las cuidadoras.

¿Cambiarse de país? No es posible sobre todo cuando hay un familiar con Alzheimer en casa.

¿Tomarse pastillas de ansiolíticos o antidepresivos? Tampoco es la mejor solución.

¿Manifestarse para que el gobierno cambie su política sociofamiliar y ofrezca nuevos servicios de ayuda? Claramente no está por la labor.

¿Qué queda? Protestar…como lo hemos hecho siempre.

Jacques Selmès
Secretario II FAE
Ex Predidente de Alzheimer Europe

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