Hace poco, muchos medios de comunicación focalizaron la atención del público sobre un test de detección de la enfermedad de Alzheimer a partir de una toma de sangre.
La Fundación Alzheimer España recuerda que este test sigue en periodo de investigación y que su fiabilidad solo se ha calculado sobre un número muy reducido de personas. No hay que levantar falsas esperanzas. Ni es accesible por el momento, ni es la solución para una detección sistemática de la enfermedad en la práctica diaria.

¿Porque levantan los test sanguíneos tanto interés en la comunidad medico-científica?

Hay que saber que los dos biomarcadores utilizados actualmente para el diagnóstico de la enfermedad, incluso en su fase presintomática, conllevan problemas.
Por un lado, el examen de líquido cefalorraquídeo (para dosificar la tasa de sustancia beta amiloide) es un gesto invasivo. La punción lumbar nunca es algo anodino.
Por otro lado, el descubrimiento de depósitos de sustancia beta amiloide en el cerebro por neuroimagen necesita exploraciones por Resonancia Magnética (IRM) o Tomografía con Emisión de Positrones (TEP), técnicas costosas que necesitan un material sofisticado. Además los resultados de estas dos técnicas se asocian con un número importante de diagnósticos, falsos positivos o negativos. Hay que recordar que un 30 % de “señores” con funciones cognitivas normales tienen depósitos cerebrales de beta amiloide y que los depósitos no existen en un número sustancial de enfermos con Alzheimer.

Es obvio que encontrar una técnica de test fiable a partir de una simple toma de sangre, y con un coste económico mínimo, es algo de máximo interés para poner en marcha una detección sistemática de la enfermedad en la práctica diaria.

Una investigación para enrolar al “enfermo” idóneo en los ensayos clínicos

La mayoría de los ensayos clínicos actuales con el objetivo de prevenir la aparición de la enfermedad, necesitan individuos con riesgo de padecer la enfermedad pero todavía en fase presintomática. Es evidente que un test de detección sanguíneo fiable, fácil de realizar y barato sería la gloria.

Faltan estudios longitudinales a largo plazo

Existen ya varios test sanguíneos que utilizan metodología de dosificación distinta.
Lo que les falta es su validación por estudios longitudinales a largo plazo (uno a tres años) sobre un colectivo importante (más de 1000 sujetos) lo que se llama “cohort” y una información clara sobre su relación con la enfermedad de Alzheimer.
Ésta es la conclusión de la publicación en la revista “Alzheimer and Dementia” del artículo “The future of blood-based biomarkers for Alzheimer’s disease”- 10 (2014) 115-31

Escrito por Jacques Selmès
Secretario II de la FAE
Ex Presidente de Alzheimer Europe
Jacques. selmes@yahoo.es

5.00 avg. rating (90% score) - 1 vote

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*
*
Website